ES TARDE

Así se titula el poema que acabo de insertar en la página “sólo Poesía”de este mismo blog y que, pienso, aborda un tema bastante apropiado para esta época en que nos hallamos inmersos en las correcciones de desvíos, quizá ya incorregibles por demasiado viciados y encallecidos.

MALVADOS, AVAROS Y TIRANOS EMPRESARIOS

Conocía desde mis tiempos jóvenes, la permanente posición encontrada entre la clase  o situación social del obrero y la condición del empresario. Sabía cómo el obrero se sentía tiranizado y explotado por el empresario a quien enriquecía con su duro  trabajo a cuenta del mísero salario, y veía que los trabajadores por cuenta ajena, se unían por comités de empresa, sindicatos, etc. Para, juntos, poder presionar más en la demanda y oferta de trabajo y concertación de salarios y condiciones o beneficios laborales.

Entendía perfectamente que, como sucede en cualquier negociación que se da en innumerables aspectos de la vida, cada parte busque todos los recursos legales para fortalecer sus posiciones en aras de lograr las ventajas posibles. Así vemos cómo, los agricultores, o trabajadores del campo, se unen en cooperativas para comerciar las compras de abonos, semillas, etc. o venta de sus producciones, para alcanzar esa importancia o volumen que les hace más apetecibles tanto en uno como en otro caso. O en el caso del turismo: esos viajes concertados de grupos; para un hotel, perder la estancia de un viajero, le resulta relativamente inane; por no perder la acogida de cincuenta agrupados, hará las concesiones y rebajas que sean necesarias, dentro de sus posibilidades y rentabilidad aceptable.

Y éste es, a mi entender, ni más, ni menos, el caso de las relaciones entre una empresa y sus trabajadores: la empresa, para poder desarrollar la función de su cometido, necesita contratar los operarios que ejerciten esta labor y, tras su convocatoria, negocia las condiciones laborales con los solicitantes necesitados de esos empleos. Si la oferta de trabajadores supera la demanda del empresario, éste pondrá las condiciones y elegirá a los mejores. Si la demanda supera a los obreros ofertados, tendrá que ceder a las exigencias de éstos, dentro de sus posibilidades, como por cierto, también ocurre en los otros casos citados, no menos dignos, cuando, por exceso de producción o escasez en la demanda, un producto ha de venderse por debajo del precio racional o acostumbrado, a pesar de la fuerza que ejerza la cooperativa correspondiente.

Cierto es que hubo épocas, muy remotas, en que el “Amo” era eso, el dueño y señor de sus criados; incluso, como todos sabemos, existió la esclavitud . Y por eso ha sido necesaria una protección de los derechos humanos para llegar a la dignidad que hoy ampara a cualquier trabajador o ser humano cualquiera. Y pienso que, en las actuales circunstancias, es conveniente y necesario que los trabajadores tengan su unión organizada como los otros casos ya citados; no más, ni menos.

Cuando, en situaciones como la que vivimos en esta nuestra época de crisis, la demanda de trabajo ha decaído, principalmente por declive de algunas empresas o defenestración de muchas de ellas, me temo que es mal momento para exigirles demasiado a esos “ Malvados y tiranos empresarios” que arriesgaron su dinero, esfuerzo y futuro con la intención de alcanzar algunos rendimientos o beneficios y que, por culpa de las circunstancias adversas de mercado, demanda de su producción, etc., quizá están a punto de perderlo todo con la agravante consecuencia para los trabajadores que perderán su “Tiranizado” pero hoy,  apetecido por escaseado puesto de trabajo. Lo que no entiendo, a estas alturas del descalabro económico y laboral de nuestro país, que algunos sigan queriendo ignorar que, los únicos que crean puestos de trabajo son esos denostados EMPRESARIOS cuyo objetivo natural es la expansión, con el consecuente aumento de plantilla trabajadora pero que, cuando por fuerza mayor debe plegar alas, es en vano pedirle resistencias inútiles con las que no pueda apechar.

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ÉRASE UNA VEZ

Se levantó a la hora acostumbrada: ocho de la mañana. Tras sus funciones habituales de aseo, y mientras desayunaba, repasó -zapeó- por todas las televisiones que, sobre las nueve, inician sus ardientes y sabios debates de infalibles, severas, irrevocables y convincentes –o al menos convencidas- opiniones, acerca de las novedades, sucesos y actuaciones gubernativas del país. En el cafelito de media mañana, la tertulia se improvisó sobre la marcha; para ello, sólo hizo falta sacarle al camarero cualquier tema que secundó con acostumbrado desparpajo y a cuya conversación se iban incorporando audaces, inteligentes, expertas e inequívocas opiniones que, al ser rebatidas, naturalmente, iban tomando empeño y, sobre todo, sonoridad hasta el punto de que, aunque no lo era, parecía riña…¿o sí llegaba a serlo?. Cuando se retiró del bar, optó por la radio donde, aunque también seguían las tertulias y entrevistas a sesudos, honestos y entregados políticos o insignes y avezados opinadores, al menos se liberaba de los mordaces y engreídos gestos que, con frecuencia, le resultaban insoportables. Después de comer vio cómo, en los informativos – a los que yo llamaría “Opinativos” – se nos cuenta lo acaecido pero, con frecuencia, expuesto según lo ve el narrador. Por la noche, las informaciones que recopilan todas las incidencias del día, suelen venir acompañadas de reportajes filmados en los que se recogen las escenas más interesantes –para el medio publicador- y en las que no suelen faltar las entrevistas a los promotores o responsables del evento; si se trata de huelgas, manifestaciones, se procura recabar la opinión sagrada de los impulsores de la hazaña. Aquí fue donde la conmoción le embargó, al escuchar a esos valientes, aguerridos y justicieros líderes dispuestos a darlo todo -hasta la vida si fuera necesario- en defensa de ¡NUESTROS! derechos –no de los suyos ¡Qué va!-; no mencionaban nada acerca de deberes, obligaciones, pero eso era por olvido, un “Lapsus” y no por otra razón. A veces aparecían escenas poco gratificantes, como rotura de escaparates, quema de contenedores, agresiones a la policía, etc. Pero eso era necesario para dejar constancia de su razón y firmeza en los objetivos, aunque para algunos incautos y anti sociales, se trataba de un abuso del poder de las masas. Sabía que, a continuación de estos telediarios, seguían en algunas cadenas las tertulias de ” debate y opinión”,  pero consideró que quizá no podría digerir la sobrecarga de tan enjundioso y opulento menú psicológico y optó por reflexionar madurando lo observado durante toda aquella jornada. En este trance, pensaba asombrado cómo era posible que, abundando todas estas personas tan  instruidas y capaces, con soluciones tan claras e infalibles para resolver de inmediato todos los problemas que nos inundan, no se hacía uso de ellas para remedio de nuestro mal. Decidió relajarse y evadirse de aquel enigma que, lejos de verle solución –sin duda era menos capaz que los personajes referidos- le estaba obnubilando, y sintonizó alguna película que le distrajera.

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OPINIÓN

LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA

De verdad existe alguien que se cree que los jóvenes de 16 años tienen inquietud por la calidad de la enseñanza que reciben? Y si, efectivamente, existiera esa detección de fallo, cómo saben que las causas son de la normativa gobernante y no debido a otras motivaciones como la calidad y dedicación del profesorado, la aplicación del alumno dentro y fuera de la clase…

Resulta curioso   analizar cómo coinciden  cronológicamente esa decadencia  de los niveles y resultados finales educativos en nuestro país, con   la aparición del descaro, falta de respeto y exigencias caprichosas del alumnado hacia los profesores , junto con el absentismo en las clases, Botellones, droga, etc, etc, con frecuencia, tristemente,       apoyados y bendecidos por los propios padres  o tutores quienes,  lejos de prestar su ayuda al profesor, por beneficio mutuo, en casos de rebeldía, y hasta comportamientos inadmisibles por parte de algún alumno, los padres  han adoptado el protagonismo como agresores al profesor en defensa de la fechoría del alumno. Cuesta entender que un alumno al que has visto levantarse del pupitre en mitad de la clase, dirigirse al profesor que se encuentra de espaldas escribiendo en el encerado y tirarle de los pantalones, o falda, para provocar la carcajada –¡que la logra!-   de toda la clase, sienta tanta inquietud sobre los sistemas educativos como para salir a la calle a enfrentarse a la policía con ese ardor y esa valentía con que lo hacen.

Naturalmente que todo acto humano es mejorable y que, a los responsables   de cada función pública, les exigimos el máximo interés  y sensatez para su ejecución, pero debemos ser conscientes de que, en la mayoría de los casos, nuestra participación  es decisoria para el logro de los resultados. Siempre, incluso en la actualidad, con unos u otros métodos y profesionales en la enseñanza, han salido alumnos destacados que llegaron muy lejos en el saber,  y vagos  zoquetes que quedaron atascados por el camino.

Cuando, los que no dispusimos de los actuales medios de enseñanza –sólo podían estudiar los ricos – y hubimos de amañárnoslas  como podíamos para   conseguir aprender, al menos algo, de lo mucho que nos hubiera gustado, comprobamos el desaprovechamiento que se hace de tanta facilidad –quizá entretenidos en protestar-, no podemos por menos de exclamar ¡Que injusta es la vida!, porque no entiendes  qué es lo que reclaman, hasta que caes en la cuenta de que, sin duda, esperan y reclaman que llegue el momento en que se saquen los aprobados sin trabajar aunque, puestos ya, que nos los envíen directamente al botellón. ¡ Adelante estudiantes, que si reclamáis lo conseguiréis! ¡¡¡ Y UN CUERNO!!!

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IMPOTENCIA

En estos momentos en que “Las crisis,” dificultades y penurias invaden a casi todo el mundo, menos a los ogros que las provocan para enriquecerse más y alcanzar más poder sobre la tierra, he pensado que mi poema “Impotencia”-insertado en la página SÓLO POESÍA de este blog-, expresa bastante bien la impotencia de los, irremediablemente, sometidos.

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EL ESTADO DE BIENESTAR

          EL ESTADO DE BIEN ESTAR

   No puedo evitar, cuando escucho algunas de esas frases promocionadas por algunos políticos, como estandarte y lema en su predicada defensa de nuestro buen vivir, el carraspeo que su audición me produce en el oído y en el alma. Son frases, generalmente ambiguas y resbaladizas por tan manidas, a las que han querido investir de un sacro sentido dogmático en ese proyecto socio-altruista que dicen les motiva su apasionada vocación bienhechora y que las hace insoportables. Una de esas frases más tarareadas, inventadas por los unos y aceptadas por los otros es “el estado de bienestar”.

   Con esto de “la crisis” oímos todos los días a políticos o tertulianos…, expresiones como estas: “Quieren arreglar la economía pero se van a cargar el estado de bienestar” “…pero se han cargado el estado de…”/”…pero hay que conservar el estado de…”/ Ante tales razones uno, atónito si no es imbécil, dice, ¿ pero de que estado de bienestar me hablan? ¿se referirán al estado de bienestar que disfrutan esos cinco millones de parados? ¿ a la situación precaria de todos aquellos trabajadores cuyas empresas están a las puertas de un ERE, una suspensión, un cierre? ¿o quizá a la situación de esos pensionistas de 500 ó 600 € que encima tienen que ayudar a algún familiar en situación precaria?

   Pero sigues pensando y caes en la cuenta de que no; no es ese el bienestar a que se refieren. Se refieren seguramente al bienestar que proporcionan esos supersueldos, ayudados por jugosas dietas, coches oficiales, gastos y prebendas. ¡Eso si que es bienestar! Por eso es intocable porque, ¡sería un fastidio perderlo!, aparte del derrumbamiento total que supondría para aquel setenta por ciento de políticos que han hecho de esto su profesión y única alternativa de modus vivendi.

   Todas las economías (familia, empresa, estado) tienen un denominador común tan simple como este: regulación en coincidencia de los ingresos y los gastos. Como quiera que los ingresos, generalmente, vienen marcados del exterior, poco pueden hacer la familia o la empresa para alcanzar mejores salarios o mayores ventas, respectivamente, en las circunstancias que atravesamos. Por ello, unos y otros se ven obligados a condicionar el gasto al montante de los ingresos, para subsistir y no quebrar. Mas no creo que, en tal planteamiento, a las prioridades que ambos seleccionan pueda denominárseles como “estado de bienestar” sino como “métodos para la supervivencia” y que han de consistir en priorizar lo imprescindible y renunciar a todo aquello que, aun siendo bueno y conveniente para ese bienestar a que todos lícitamente procuramos, deberá quedar postergado a tiempos más benignos.

   Cosa muy distinta es la economía en la administración pública. En este caso, puede regularse perfectamente al revés: aumenta el gasto… se aumentan los ingresos (considero innecesario decir cómo) en cuyo caso, no se perjudica para nada ese verdadero ESTADO DE BIENESTAR al que hemos aludido.

   Ante la impotencia para influir en el rumbo de todo esto, y siendo poco rentable el llanto y el pataleo, os convido a que, cuando oigáis la palabreja, soltéis, como yo, una gran carcajada.

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OPINIÓN

ME GUSTA LA NAVIDAD

Sí, ya sé. Posiblemente tú seas de esas personas a quienes no les gusta la Navidad porque les entristece: tristes recuerdos, ausencias de seres queridos que se fueron lejos o, quizá, para siempre. Hay a quienes, incluso, les produce incomodo el reunirse con familiares con quienes no mantienen una relación grata: aquel cuñado… una suegra… incluso ese hermano…y que, sin embargo, las circunstancias les obligan a digerir una velada que, como mínimo, ha de resultar seria, monótona, aburrida cuando no, como a veces ocurre, acabando en trágicas y desagradables peleas que motivan mayores distanciamientos, incluso odios irreconciliables. Ante esta segunda circunstancia, veo dos alternativas únicas que resuelven el problema. La primera sería, en el caso de existir deseo y voluntad de conciliación, esforzarse en comprender y disculpar los fallos del otro con la ayuda de aquellas personas que pueden interceder en la convivencia, y reprimiendo los impulsos de reproche por aquello que nos molesta, convencidos de que, a la otra persona, también le pueden molestar nuestros comportamientos. De no existir estos condicionantes, la segunda opción sería eludir el compromiso de reunión con cualquier excusa y elegir el ámbito apetecido para una celebración grata y placentera.

   En cuanto al tema primero de las añoranzas, resulta para mí fundamental el adaptarse en razonamiento a la realidad indiscutible. En la historia de cada ser, cada familia, existe la misma evolución de aparición constante a la vida de nuevos miembros, sustituyendo a los que van desapareciendo. Sabemos que esto es así irremisiblemente y que de nada sirve empecinarse en añorar lo que no ha de volver. En consecuencia, ese recuerdo de aquellos que ya no están, debería servirnos para revitalizar en nosotros aquellos momentos tan gratos vividos junto a ellos, alegrándonos los que ahora disfrutamos con quienes, sin ninguna duda, abandonaremos nosotros un día.

  Cuando las ausencias de familiares son por razones de trabajo o cualquier otra causa que les ha llevado a desarrollar su vida lejos de nuestro entorno, miremos el lado positivo que les impulsó a separarse de nosotros, sin duda, por conveniencia y mejora en el desarrollo de su vivir.

   Cierto que la Navidad es una tradición que nos marca conductas fijas, encasilladas en un sin fin de ritos festivos, gastronómicos, familiares, etc. Pero que, como nos gustan a una gran mayoría, acogemos, aunque sea como excusa, para disfrutar de momentos especiales con las personas que queremos.

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OPINIÓN

        LIBERTAD

Me habla ahora (escribe) el filósofo John Stuart Mill de la libertad, en cuyo tratado razona y defiende los derechos del individuo a la libertad de acción y opinión ante la sociedad, en contraposición a aquella tiránica imposición de la censura, todavía reinante en su época en algunos países. 

   Pero, me atrevo a pensar que, de haber vivido en nuestros días, hubiera razonado de forma muy análoga sobre esa libertad aunque aplicada a circunstancias bien diferentes. Es cierto que, salvo en países anquilosados en su desarrollo por culpa de sus gobiernos y religiones absolutistas y déspotas, aquellas imposiciones han quedado superadas en el sentido autoritario y dogmático que las amparaba pero, no es menos cierto que hoy existen otras imposiciones de tipo convivencial cuya amenaza de arresto es el riesgo de la reprobación por parte de los órganos sociales que condicionan nuestras conductas y que, lo que es peor, están frecuentemente aceptadas por el individuo sometido a ellas.

Así, vemos constantemente cómo, personas afiliadas a cualquier régimen o ideario político, religioso, incluso vocacional, defienden con ardor los colores de las doctrinas que les han sido imbuidas por sus mentores sin que, por lo más remoto, les ocurra plantearse la mínima duda de si aquello está o no bien y convenientemente fundamentado ni, mucho menos, admitir razonamientos que se opongan a la veracidad de la bondad de aquellas ideas. En mi poema “Oda a un Líder” publicado en este mismo blog (Solo Poesía) –y perdón por la autocita- inicio así: Imbuido del polen circundante/ o tal vez por herencias aprendidas/ mi voluntad, convicta militante/ a ti entregada cual si fiel amante/ su destino somete de tus bridas.

   Insiste Stuart Mill en el derecho inalienable, y desde luego irrenunciable del individuo a esa investigación de la verdad por todos los medios a su alcance y la libertad para manifestar sus propias convicciones, fruto de su libre análisis de cuantos datos y razonamientos pueda recavar.

   Da tristeza observar el comportamiento de quienes, anclados en una doctrina sagrada que les han infundido, rechazan con desprecio, a veces con violencia, cualquier razonamiento que cuestione o contradiga los “sacros” principios que tienen aprendidos, incluso repiten como loritos las irrevocables máximas, argumentos y “frases hechas” que les vienen condicionadas de sus líderes. No se atreven a escuchar los argumentos del contrario que, por cierto, éste tiene por veraces y auténticos; es incapaz de admitir, porque sería afrentoso para el club, cualquier virtud del oponente, ni se atreverán jamás a estudiar y razonar de un modo libre e independiente las razones de aquel para comportarse de ese modo. Yo, en estos casos –tristemente frecuentes- acabo en preguntarme  ¿Dónde está esa libertad?

 

 

 

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